Dannia

¿Qué es lo que más te gusta del lugar en que creciste?

Viví en muchos lugares, pero mi favorito fue en mi niñez cuando viví en San Vicente. Me encantaba el lugar porque todos los niños éramos muy unidos. Hacíamos un montón de travesuras como escaparnos de la escuela e ir a los volcanes a buscar oro. Ya después me mudé a Cochabamba y me encanta el clima.

¿Me puedes contar un poco de cómo llegaste a tener contacto o involucrarte con IDH?

Yo soy bióloga de profesión, tengo una especialidad en el área de investigación y ecología de poblaciones. Nada que ver con el IDH. Durante la formación, tenemos la materia de lo virología y había muchos temas para estudiar. En 1999, el tema del VIH era muy poco conocido, sabíamos que era un virus y que había gente que moría. Podíamos elegir cualquier tema y nadie quería exponer sobre el VIH, así que yo lo hice. Recuerdo que por medio de mi hermana, me conecté con el Dr. Valdez y vine a investigar aquí sobre el tema. Entonces yo directamente buscaba la parte social, lo que debería saber la gente para no tener tanto miedo. Empecé averiguar lo que era el virus y cómo se transmite. Ana y Edgar me apoyaron bastante. También me enteré que había el grupo de voluntarios, mi hermana ya había estado antes pero nunca me comentó y decidí venir a las capacitaciones.

Lo que ha sido determinante para decidirme con el voluntariado, ha sido porque un amigo mío adquirió el VIH. Fue muy duro, porque él era jovencito en la universidad. Cuando estaba exponiendo sobre el tema, él me dijo que quería hacerse una prueba. Empecé averiguar más información de la parte clínica, los medicamentos y las pruebas. En esos tiempos era muy difícil conseguir una prueba que nos ayude a detectar el VIH. Aparte de eso, el tema de discriminación era muy fuerte por parte del personal de salud. Lo he apoyado y he visto como realmente esas personas sufren, aunque ahora ya disminuyó. Por medio del IDH hicimos las pruebas y sí, confirmamos que era positivo. Él se quiso alejar de todo, se perdió un buen tiempo porque no quería aceptar su diagnóstico. Como su amiga, hablé con él y pensé si puedo ayudarlo a él, ¿porque no ayudar a otras personas? Te mueve el piso porque es alguien que realmente quieres y que es cercano a tí. De este modo, he continuado con el IDH.

Durante ese tiempo era una de la voluntarias que venía a la reunión y cada que preguntaban algo del VIH, yo lo contestaba todo. Por esa razón, pensaban que sí yo tenía VIH y les decía que no, que solamente me había informado. Después de terminar la universidad, se me dio la oportunidad de quedarme a trabajar en el IDH con el proyecto “Abriendo Puertas”. De ahí olvidé mi carrera y empecé a trabajar en la parte social. Empezamos con un proyecto sobre prevención del VIH que se realizó en el trópico de Cochabamba. Teníamos que convencer a la comunidad del trópico y por fin cuando fuimos Eduardo y yo, aceptaron el proyecto. No podía explicar la felicidad que tenía de ver tantas profesoras y chicas y chicos que estaban emocionados de aprender y yo, con todas las ganas de poder darles la información que pudiera. Me ha encantado.

Pero también me ha tocado dar resultados, que es muy duro porque muchas veces yo no encontraba las palabras para decirles que tenían VIH. También tener que apoyar a la familia y hacerles entender que no por el diagnóstico es otra persona. Me gusta ese trabajo, aunque sea difícil.

¿Me puedes contar un recuerdo que resalta como ha influido el IDH en tu vida?

Lo que más me conmovió fue durante las capacitaciones en la que Edgar hablaba de su experiencia que tenía en su trabajo. Yo lo miraba y quería ser como él, especialmente porque es una persona super positiva. Me decía que no me preocupará si no sabía algo, ya que lo iba aprender, pero que lo que sí ya sabía, lo tenía que ponerlo en práctica. Y eso he hecho. Antes, aunque sabía muchas cosas en teoría, no exactamente las estaba aplicando. Entonces analicé mi propia vida, porque estaba diciéndoles a todos “usen preservativos y no beban alcohol”, pero cuando me puse a pensar, me di cuenta que yo no siempre ponía en práctica todo lo que sabía. Eso es lo que me ha marcado. Eso es lo que trato de enseñar a los estudiantes, que todos sabemos y conocemos lo que es lo más básico, pero ¿qué pasa con ponerlo en práctica?. Por ejemplo, recuerdo que me preguntaba cómo decirle que usará el preservativo. Pero si uno tiene esa valentía y dice “yo quiero y yo decido” entonces uno lo hace. Es lo más valioso que he aprendido, poner lo que sé en práctica.

Algo que también me parece divertido, es que yo nunca había conocido a un chico gay. Entonces la primera vez que vine al IDH, vi a un chico ahí y pensé que era lindo. Después alguien me dijo que era gay y yo me sorprendí. Me puse a pensar el impacto que tiene lo que nos enseñan porque en la casa nos decían, “te vas a dar cuenta quien es gay porque hablan como niñas” o cuando la gente decía que todos eran muy groseros, todas cosas negativas que te dicen, pero esto chico no era así. Entonces ahí reflexione y aprendí que no podemos seguir con esos estereotipos, porque no todos son iguales.

¿Si tuvieras que contarle a alguien sobre cómo el IDH ha contribuido a un cambio personal o de la comunidad, qué le dirías?

Para mi seria, el reflexionar en mi propia vida.  Es lo más importante. Si yo reflexiono primero conmigo y con la experiencia que puedo encontrar en mi misma, yo puedo ir y hablar con los profesores, estudiantes, mis amigas, amigos y pareja. Pero si yo no hago esa reflexión, puedo decir palabras que salen por la boca, pero que no tienen sentido. Para mí el IDH es una institución que te enseña a reflexionar en ti, para luego dar lo mejor que tienes.

¿Cuál ha sido tu mayor orgullo siendo voluntaria o empleada del IDH?

Yo creo que más que orgullo, es la satisfacción de poder enseñar lo que sé y poder estar con jóvenes que tal vez no tienen la oportunidad de hablar con su familia, pero que yo les pueda decir, “se puede hacer esto, tú puedes mejorar tu vida”. En el tema de VIH es bastante porque no solamente hablamos del virus, pero también de sexualidad, que hasta hora los papás no quieren hablar. Entonces para mí es como un plus de mi trabajo poder ir con adolescentes y aclararles dudas que tengan. Para mi es la satisfacción de enseñar, pero también de aprender de los talleres que doy. Es la satisfacción de trabajar con no solamente la temática del VIH, pero de la prevención violencia sexual, en el enamoramiento y comercial.

Algo que me ha llenado de felicidad, es cuando pude ayudar a una menor de edad que no sufra más de violencia sexual. Fue duro porque fue la primera sesión donde di el tema y la menor se acercó llorando y me dijo, “todo lo que usted ha mostrado y explicado, me ha pasado desde que me acuerdo y para mi es normal”. Entonces hablé con ella para hacerle entender que eso no es normal. Todo el proceso ha sido doloroso pero después me ha dado satisfacción de saber que ella me diga, “ahora sé que está mal, ahora soy feliz porque ya no me hace lo que me hacía siempre y mi mama me ha dicho que me quiere”. Casi me pongo a llorar en ese rato. Ha sido doloroso pero también algo muy bonito y una felicidad.

¿Hay alguna otra cosa que me quieras comentar o que no he preguntado y que sientas que es importante saber?

Creo que valoro el trabajo que hacen mis demás compañeros. Me da una dosis de fuerza poder compartir y apoyarnos entre todos. Hay gente muy valiosa aquí, sin importar horas siempre nos apoyan. He estado en otras instituciones y el ambiente es completamente diferente, pero aquí todos se apoyan entre cada uno. La parte humana está muy bien trabajada aquí en la institución.

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